Richard Moar y el síndrome del caco

En el ascenso del CD Lugo a Segunda División de 2012 hay muchos elementos meritorios. Por un lado, que los albivermellos fueran capaces de superar una larga promoción de ascenso después de haber errado el anterior año. Y aún encima, que el objetivo soñado se lograra en un feudo como el Carranza, la casa de uno de los históricos del fútbol español como el Cádiz. El escenario, teñido de amarillo a excepción de una esquina, había sido caldeado para culminar la remontada del 3-1 de la ida. A pesar de la desventaja, en la ‘Tacita de Plata’ se respiraba un aire semejante al de un circo romano. De allí no saldría vivo ningún extranjero.

El partido de ida no estuvo exento de polémica. Nadie, ni nosotros mismos, lo vamos a negar. Forma parte de la aleatoriedad del fútbol arbitrado, que no videoarbitrado, y que perjudicó al CD Lugo la temporada anterior ante el Real Murcia. Esto conllevó un cruce de acusaciones entre ambos bandos. Uno de los críticos más insistentes fue Richard Moar, director deportivo del Cádiz, ex jugador del RC Deportivo, del Real Valladolid o del Poli Ejido, entre otros; y nacido en Ordes, aunque la cercanía ayuda en nada en este tipo de situaciones. O por lo menos eso mostraron los acontecimientos…

Imaginen la situación. Días antes del partido de vuelta en el Carranza, Carlos Mouriz, director deportivo del CD Lugo, llega al estadio Anxo Carro. Tres jugadores con unos papeles en la mano esperan al secretario técnico. Son tres ofertas del Cádiz, tres cheques en blanco para fichar por el equipo gaditano. El objetivo, lo habrán captado, pero se lo explicamos. Que se vendan y se dejen ganar. Si aceptan el recado, el equipo amarillo conseguirá al fin el ansiado regreso al fútbol profesional y ellos un suculento contrato, también, en la categoría de plata.

Pudieron hacerlo. ¿Cómo? Un calambre… La presión de una larga temporada… La falta de intensidad fruto del cansancio… Un mal despeje cerca del área… Una falta mal tirada que genera un claro contraataque… ‘Casualidades’ entendidas en un partido de altísima presión como el que sirve de eje narrativo a #DocuHéroes. Las primas por intentar tumbar a un rival, aunque no te juegues nada, pueden entenderse. Aceptar aquellas por simular ser más malo de lo que eres no caben en ninguna mente competitiva. El 3-1 de la ida había descuadrado los planes de Richard Moar. Nada que no pudiera arreglarse con un buen talón. Total, el CD Lugo era un equipo pequeño, que sólo había estado un año en Segunda, ¿qué responsabilidad sociohistórica iban a tener sus jugadores?

Pues dieron un ejemplo de lealtad. No se callaron las ofertas. No dejaron dudas sobre si las aceptaron o no. Todo lo contrario, en un ejercicio de transparencia, enseñaron los documentos a la persona que confió en ellos para la resurrección y milagro del CD Lugo. Éste, de cejas arqueadas, y verbo acelerado, nada más conocer el cortejo no aceptado, empezó a cagarse en todo el santoral. Entre juramento y juramento, el agradecimiento a los futbolistas por haber confesado el intento de ultraje. La anécdota nos la contó el propio Mouriz, aunque, como buen defensor de su camada, no quiso desvelar quiénes habían sido agraciados por Moar.

Sí, Richard Moar, el mismo que tras el partido de ida dijo que Quique Setién, entrenador del CD Lugo, padecía «el síndrome del caco», que es que se sufre, según este médico titulado, cuando se «sabe que se tiene un botín que te han dado y tienes cosas que nos mereces, cosas que tienes miedo a perder». El director deportivo del Cádiz concluía su lamento pidiéndole al cántabro que no tuviera «mala conciencia» para el partido de vuelta.

Con esta secuencia de hechos no es de extrañar que, al término del partido de vuelta, y a pesar de la alegría del objetivo conseguido, Mouriz se fuera como un perro de presa a por Moar. «Sinvergüenza» fue el titular de una corta pero intensa conversación. El de Ordes todavía está revisando qué cláusula le falto en aquellos contratos rechazados y se pregunta cómo no se le ocurrió rociarlos de ántrax.

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