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2
Jul

Los Hermosilla Alaña, árbitros valientes

Cuando iniciamos esta aventura documental llamada Héroes lo hicimos a lo loco. Aún así, nuestra política de mínimos desde un principio era la de entrevistar a todos los jugadores, cuerpo técnico y directiva de aquel año maravilloso. Del estándar al fuego real nos fuimos desviando hacia periodistas, aficionados y otros protagonistas. Pero alguna entrevista salió por iniciativa de los que se ponen al otro lado… Eso sucede muy pocas veces. Un día recibimos en nuestro correo una misiva felicitándonos por el trabajo. Lo firmaba alguien que recordaba el Cádiz – CD Lugo como el partido más importante de su carrera. Y no era un futbolista o un técnico… Era un árbitro. Más bien, un par de colegiados, los Hermosilla AlañaIgnacio y Carlos, dos hermanos que impartieron justicia, tal y como se suele decir, en el 3-1 del Carranza. Justicia que tiene difícil aplicación en lo más grande que tiene el fútbol: unos playoffs. Sólo los que lo han vivido saben la crudeza y la alegría que se asocian al momento más grande que vive un aficionado del fútbol modesto. Hicieron trío con Carlos Álvarez Fernández.

Los Hermosilla Alaña recordaban el encuentro con la misma trascendencia y quisieron dejar su testimonio. El suyo fue un ejercicio de humanización del cuerpo arbitral. Muchas veces pensamos que son enviados de Satán que tienen como única misión perjudicar los intereses de nuestro equipo. Van de negro y, por tanto, su final será siempre funesto. No se les deja hablar ni opinar. Son como el cuerpo militar. Parecen robots por generación espontánea que tienen automatismos programados: sacar tarjetas, reprimir y pitar todas las veces que sean posibles. Pocas veces uno piensa que el fútbol es también lo más importante para ellos. Muchos han jugado y saben lo que es estar del otro lado. La mayoría se ha bregado en campos de barro. Por eso es un auténtico privilegio escuchar a un par de personas tan formadas y sinceras como los Hermosilla Alaña. Dos complementos perfectos pese a sus claras diferencias de carácter. Árbitros valientes, valientes de verdad, muy lejos del soniquete torticero y monótono que se escucha en tantos campos. Hijos de la profesionalidad.

No pudimos rechazar tal oferta. En febrero, con alerta por nevadas en casi toda la Península, armamos un itinerario no apto para cuerpos con flojera. Soria Miranda de Ebro fueron nuestras dos paradas. La primera, con bastante tendencia a cubrirse de blanco. Y la segunda, con unas vías de acceso que pueden convertirse en auténticas lenguas blancas. Vayamos por pasos. El sábado, 2 de febrero, vivimos un espectáculo lamentable en Los Pajaritos. Así, sin cortapisas. Porque cuando uno se mete entre pecho y espalda cientos de kilómetros cree que está en posesión de exigirle a su equipo que por lo menos no haga el ridículo. No hay hoja de reclamaciones y, pese a la grata compañía de los miembros de la Peña Lucense de Madrid, agarramos un cabreo que se prolongó en diferentes episodios de la pasada temporada.

Sólo sé que había nieve

Borja y Xabi no tuvieron tiempo para reflexionar demasiado en la goleada. Nada más terminar el partido se metieron en sus respectivos vehículos para poner rumbo a Miranda mientras caía la noche. Llegó la nieve… Tal y como nunca habían visto. Pusieron las cadenas de tela y optaron por la ruta corta que el GPS ordenó. Un aparato preparado para no entender de climatologías ni de obstáculos. Ventisca acelerada. Curvas trazadas como si fueran derrapes. Las cadenas, perdidas ya alguna cuneta. Lo que en principio iban a ser dos horas de viaje se convirtieron en dos horas de resistencia al volante por la Sierra Cebollera riojana. Con más nervios que Manu al tirar penalti. Muchísimos más, por supuesto, porque el Eterno Capitán, desde aquellos once metros, habría sido capaz de conducir un tractor con los ojos vendados. El cansancio los llevó directamente a la cama sin mayores explicaciones. Yo me uní a la jornada siguiente. Alertado por la situación, opté por hacer más kilómetros, escogiendo la autovía A-1. Sólo sé que había nieve, como dijo nuestro amado presidente. Había tal cantidad que los copos caían sobre ondas blancas. Un océano calmo que se colaba en la carretera de vez en cuando. Si el viaje fue para recordar no lo fue menos la entrevista a los dos trencillas del Carranza.

En Cádiz se acuerdan de Hernández Cifuentes, nosotros haremos lo propio con la profesionalidad de los Hermosilla Alaña

Nos recibieron en la sede del CD Casco Viejo de Miranda de Ebro. Un club con un gran trabajo en el fútbol base en una ciudad dominada por el Mirandés. Sitios en los que se respira fútbol. La entrevista tuvo un marco auténtica como la cantina y sala de trofeos del club. En la que había un futbolín antiguo con altavoces que vociferaban los goles. Con sus parroquianos aprovechando la mañana de un domingo para tomarse un café, muy o poco adulterado. En una esquina, donde lucen las copas de campeones, los Hermosilla Alaña volvieron a vestirse corto. Por lo menos en cuerpo y habla. Recordaron sus peores actuaciones y nos trasladaron una visión desde un prisma que es casi imposible de encontrar. No lo tuvieron fácil aquel 24 de junio de 2012, porque el encuentro de ida estuvo marcado por la polémica, o así quisieron entenderlo en Cádiz.

Aún a día de hoy, cuando en las redes sociales los aficionados del CD Lugo recuerdan su particular día de todos los santos, algún seguidor gaditano menciona el nombre de Hernández Cifuentes, el colegiado del primer partido de aquella eliminatoria decisiva. Mucho más desapercibida pasó la combinación de apellidos que nos llevó a Miranda de Ebro para hacer una de las entrevistas más enriquecedores del documental. Hace apenas unas semanas, coincidiendo con la efeméride del ascenso, Carlos, ponía una foto del día D en Twitter. Su hermano respondía: «Nuestro mejor recuerdo arbitral». Los ‘Putxo’, jueces y parte sin caer en ninguna provocación ni presos del ambiente infernal que allí se vivió. Dos colegiados enteros que deberían brillar mucho más de lo que otros compañeros de profesión.

14
Jun

El vaticinio de Isma López

ada entrevista del documental Héroes tiene un contexto especial. Algunas las realizamos en casa de los protagonistas. Otras al aire libre o en terrenos futboleros que ellos conocían. Y hasta alguna fue por capítulos. Es el caso de la pieza relativa a Isma López, uno de los jugadores más destacados de aquella plantilla pese a que en su año en Lugo sólo tenía 21 años. El primer intento de interacción tuvo lugar cuando era jugador del Real Sporting de Gijón. Nos plantamos Borja y yo en Valladolid para asaltar al todocamino navarro. Las aspiraciones del conjunto asturiano, las mismas desde que descendió: volver a Primera División.

En no pocas ocasiones hemos pecado de novatos, pensando más en cuadrar las agendas y los kilómetros que en las ubicaciones. Pedimos perdón a todos aquellos a los que hemos podido incomodar. Sin embargo, nadie nos ha negado rotundamente la palabra. En el citado establecimiento hotelero estaba montada la de Dios. La Mareona, insuflada de ánimo por la marcha del equipo, había invadido el hotel. Tanto es así, que un gaitero amenizaba la previa al encuentro. Vamos, que era un auténtico Cristo realizar una entrevista en un lugar así por pura operatividad sonora. Xabi podría cubrir todo el documental con Zuncurrundullo para disimular, pero hubiera sido demasiado exagerado.

Quisimos repetir la entrevista de Isma López en Chipre, pero para ello tendríamos que habernos marcado un Fabri

Nos fuimos disgustados. Cada vez que se ha producido un contratiempo en la grabación ha sido difícil tener una segunda oportunidad. Ni nuestros trabajos ni el capital disponible nos lo han puesto fácil. Pero esta vez sí la hubo y fue una de las mejores segundas partes que se recuerdan. Quisimos repetir la grabación visitando a Isma López en Chipre. El de Berriozar salió de Gijón rumbo al Omonia Nicosia. Las combinaciones de vuelos, vía Grecia, eran una aventura que no podíamos asumir. A no ser que siguiésemos los pasos de Fabri. El entrenador de Santa Comba se volvió del país heleno a casa en coche, suponemos que a retomar sus labores agrícolas. Lo hizo tras ser destituido por el Panathinaikos.

Víctor Moreno, ex director deportivo del CD Lugo, nos puso las cosas más fáciles y se lo llevó a Tenerife. Era la nuestra. Como Xabi y el que escribe vivimos en Madrid, decidimos que lo asaltaríamos cuando jugase el equipo tinerfeño en la capital. Nos la jugamos, porque escogimos la previa al encuentro contra el Rayo Majadahonda, un duelo clave por la permanencia que acabaron llevándose Isma López y sus compañeros. Podía haber un ambiente enrarecido o dificultades para contactar. Nada más lejos de la realidad.

Un que te vaya bien recíproco

La entrevista final y buena fue en un parque de esos típicos de Madrid. Que parecen simplemente una parcela para oxigenar el cemento, pero al que le vendría bien un porcentaje del verde que se maneja en el norte. Con bancos de madera que vivieron mejores tiempos y pintadas de todos los colores. Justo al lado del Río Manzanares, un curso ahogado que circunda el viejo Vicente Calderón. Viejo porque así lo ha querido el negocio que rodea el fútbol, que prejubila futbolistas a los 30 años y crea armatostes sin alma con patrocinadores exóticos a costa de echar de su casa a aficiones enteras. Estos desahucios son al final sólo un movimiento de tierras, porque los recuerdos no admiten de tráfico.

Los tres puntos logrados por el Tenerife en el Cerro del Espino les valieron finalmente la salvación. «No quiero jugármela en Lugo. Por nada del mundo. Tenemos que ganar antes e ir al Anxo Carro a firmar un empatito que nos valga a los dos. Por nada del mundo quiero hacerle daño a un equipo en el que sólo me sentí querido».

La afición del CD Lugo siempre ha transmitido su cariño a los jugadores comprometidos, convirtiéndolos ‘a posteriori’ en un seguidor más

Este fue el deseo que nos comentó después de recordar los momentos vividos en una temporada que lleva, como todos los Héroes, grabada de modo milimétrico en su piel. Su vaticinio se cumplió y Lugo y Tenerife certificaron el pacto del Miño para salvarse a la vez. Contaron con la ayuda de otros dos ex albivermellos como Joselu y Carlos Hernández. Si algo ha conseguido la afición lucense, muchas veces discriminada por su tamaño, es transmitir cariño a los jugadores comprometidos. Ninguno de los que cumple con este perfil ha tenido nunca la intención de hacerle daño al equipo. Todo lo contrario. Como en el caso de Isma López, han conseguido que sean un aficionado más en la distancia.

Y la relación es recíproca. Nos encantó poder ver el cambio que había dado el futbolista en un año. Su rostro, su modo de comunicar, el de siempre: sobrio y audaz, pero una sonrisa entre los ojos de esperanza por seguir creciendo como futbolista y persona. Con esos argumentos y la cercanía en las respuestas es muy difícil no querer que a cualquiera de los Héroes les vaya bien. E Isma López no es una excepción, sino una bendita confirmación. Por eso nos alegró tanto ver la foto del partido de este convulso final de curso. La imagen del año de Xesús Ponte en la que aparecen Carlos Pita y Fernando Seoane abrazados. Dos de los guías espirituales de la historia reciente del CD Lugo. A su lado, un Isma López sonriente, satisfecho de haber conseguido el objetivo con su actual equipo en la que siempre será su segunda casa.

13
Ene

Los bríos de Liru

El fútbol es un deporte de equipo. En el manifiesto fundacional de este deporte, firmado por unos cuantos rudos británicos, figuraba esta proclama, lanzada muchas veces como tópico, pero que en la plantilla del CD Lugo que consiguió el ascenso a Segunda cobra toda su relevancia. En la producción sin ‘límites’ de #DocuHéroes no queríamos dejar ningún fleco al aire. Desde un primer momento nos fijamos ir a cualquier rincón para hablar con todos los jugadores que participaron aquel año. Sin importar ni valorar su cantidad de minutos.

Una de las incursiones en Andalucía (aún nos queda alguna por hacer) nos llevó a Jerez de la Frontera. Allí, en su casa, vivía y jugaba el Héroe Sergio Iglesias ‘Liru’, lateral izquierdo que en la 2011/2012 vivió su primera experiencia fuera de casa. Con lo que ello supone. Una avalancha de nuevas costumbres y obligaciones en un equipo que tenía como objetivo fundamental cerrar las heridas del frustrado ascenso del curso anterior.

La otra familia

Liru nos citó para la entrevista en el Estadio Municipal de Chapín. Un campo mítico que casi parece una plaza de toros por su reconocible forma circular. Con esas pistas de atletismo que usuales en los años ’90 y 2000. Por lo menos este feudo acogió varios campeonatos. Chapín es la casa del xerecismo, una corriente ideológica muy comprometida que surcó los cielos con su Xerez CD en la 2009/2010 y que después sufrió en sus carnes el descrédito de los descensos administrativos y el aliento de una liquidación que nunca llega. Era el equipo de procedencia de Lirucuando fichó por el CD Lugo a finales de agosto de 2011, casi con la bocina del mercado encima. El Xerez CD milita ahora en Tercera, junto al Xerez Deportivo FC, un club que fundaron socios y simpatizantes de la SAD en 2013 y en el jugaba Liru en el momento de la entrevista.

Los ‘Héroes’ eran unos vecinos más, una cercanía que se ha ido diluyendo con el profesionalismo, y que fue otra de las claves de su éxito

Al lateral jerezano no le han machacado los focos del fútbol más mediático, a pesar de que el fútbol en Jerez sea otra religión. Habla con total de naturalidad, sin perderse en ver cómo puede ocultar esta u otra opinión. Para Liru, como la mayoría de los Héroes del Carranza, la 2011/2012 fue una de las mejores de su vida. Mouriz procuraba que el aterrizaje de los nuevos fuera lo más suave posible. La mayoría se iba a vivir por la zona de Augas Férreas, que después se convirtió en uno de los escenarios de la victoria del Carranza, con una ciudad echada a las calles para celebrar el triunfo de su equipo.

En el caso de los más jóvenes (Liru llegó a Lugo con 20 años) se procuraba una solución intermedia. El jerezano se fue al Hostal Bríos, situado cerca del que antes era el campo del Polvorín FC. Un establecimiento muy familiar, con Jose María al frente, que tuvo en sus habitaciones a varios jugadores del CD Lugo. Todavía los recuerda como dos grandes apoyos aquel curso. Ellos también rememoran que aquel año tuvieron un hijo más viviendo en su hostal. Es sólo una muestra del vínculo que había aquellos jugadores y la ciudad, que los veía como unos vecinos más. Esa cercanía se ha ido diluyendo con el profesionalismo y es algo que los aficionados echamos de menos.

Aprendizaje compartido

Liru tuvo que afrontar molestias físicas en varias fases de la temporada. Aún así, jugó siete partidos como titular, como recambio de Aitor, un portento físico y que por su mayor experiencia partía como titular. Si alguien dudaba de la convivencia pacífica y del aprendizaje compartido que pudieron tener estos dos jugadores, sólo hace falta ver las declaraciones del hoy capitán del Extremadura UD, equipo en el que es suplente: «Yo siempre aprieto. Lo digo siempre y soy muy repetitivo. Es la situación que me está tocando. Me encantaría jugar, pero no lo estoy haciendo y lo que tengo que hacer es ayudar a mis compañeros. A la persona que esté jugando en este momento, a quien sea. Para hacerlos mejor a ellos. Trabajar duramente para que ellos vean que yo estoy apretando y ellos aprieten más y el equipo se contagie».

Y eso fue exactamente lo que hizo Liru. Apretar a pesar de las lesiones. Apretar a pesar de que en su primer año fuera de casa tuvo que vivir una enfermedad familiar. «Pasa a comprarte los billetes y márchate unos días a casa. Ellos te necesitan ahora más que nunca», le dijo Mouriz antes de concederle un permiso que demuestra la humanidad de aquel microcosmos único que consiguieron jugadores, dirección deportiva, técnicos y, por supuesto, aficionados. De ahí que el asalto al Carranza, aunque pareció perpetrado por un pueblo pequeño y manso, fue obra de una república bien organizada que creía más en sí misma que cualquier otra. Y, oye… ¡qué gustazo para un jerezano como Liru frustrar un ascenso al rival y vecino gaditano! ¡Vaya si se acuerda…!

4
Ene

Richard Moar y el síndrome del caco

En el ascenso del CD Lugo a Segunda División de 2012 hay muchos elementos meritorios. Por un lado, que los albivermellos fueran capaces de superar una larga promoción de ascenso después de haber errado el anterior año. Y aún encima, que el objetivo soñado se lograra en un feudo como el Carranza, la casa de uno de los históricos del fútbol español como el Cádiz. El escenario, teñido de amarillo a excepción de una esquina, había sido caldeado para culminar la remontada del 3-1 de la ida. A pesar de la desventaja, en la ‘Tacita de Plata’ se respiraba un aire semejante al de un circo romano. De allí no saldría vivo ningún extranjero.

El partido de ida no estuvo exento de polémica. Nadie, ni nosotros mismos, lo vamos a negar. Forma parte de la aleatoriedad del fútbol arbitrado, que no videoarbitrado, y que perjudicó al CD Lugo la temporada anterior ante el Real Murcia. Esto conllevó un cruce de acusaciones entre ambos bandos. Uno de los críticos más insistentes fue Richard Moar, director deportivo del Cádiz, ex jugador del RC Deportivo, del Real Valladolid o del Poli Ejido, entre otros; y nacido en Ordes, aunque la cercanía ayuda en nada en este tipo de situaciones. O por lo menos eso mostraron los acontecimientos…

Imaginen la situación. Días antes del partido de vuelta en el Carranza, Carlos Mouriz, director deportivo del CD Lugo, llega al estadio Anxo Carro. Tres jugadores con unos papeles en la mano esperan al secretario técnico. Son tres ofertas del Cádiz, tres cheques en blanco para fichar por el equipo gaditano. El objetivo, lo habrán captado, pero se lo explicamos. Que se vendan y se dejen ganar. Si aceptan el recado, el equipo amarillo conseguirá al fin el ansiado regreso al fútbol profesional y ellos un suculento contrato, también, en la categoría de plata.

Pudieron hacerlo. ¿Cómo? Un calambre… La presión de una larga temporada… La falta de intensidad fruto del cansancio… Un mal despeje cerca del área… Una falta mal tirada que genera un claro contraataque… ‘Casualidades’ entendidas en un partido de altísima presión como el que sirve de eje narrativo a #DocuHéroes. Las primas por intentar tumbar a un rival, aunque no te juegues nada, pueden entenderse. Aceptar aquellas por simular ser más malo de lo que eres no caben en ninguna mente competitiva. El 3-1 de la ida había descuadrado los planes de Richard Moar. Nada que no pudiera arreglarse con un buen talón. Total, el CD Lugo era un equipo pequeño, que sólo había estado un año en Segunda, ¿qué responsabilidad sociohistórica iban a tener sus jugadores?

Pues dieron un ejemplo de lealtad. No se callaron las ofertas. No dejaron dudas sobre si las aceptaron o no. Todo lo contrario, en un ejercicio de transparencia, enseñaron los documentos a la persona que confió en ellos para la resurrección y milagro del CD Lugo. Éste, de cejas arqueadas, y verbo acelerado, nada más conocer el cortejo no aceptado, empezó a cagarse en todo el santoral. Entre juramento y juramento, el agradecimiento a los futbolistas por haber confesado el intento de ultraje. La anécdota nos la contó el propio Mouriz, aunque, como buen defensor de su camada, no quiso desvelar quiénes habían sido agraciados por Moar.

Sí, Richard Moar, el mismo que tras el partido de ida dijo que Quique Setién, entrenador del CD Lugo, padecía «el síndrome del caco», que es que se sufre, según este médico titulado, cuando se «sabe que se tiene un botín que te han dado y tienes cosas que nos mereces, cosas que tienes miedo a perder». El director deportivo del Cádiz concluía su lamento pidiéndole al cántabro que no tuviera «mala conciencia» para el partido de vuelta.

Con esta secuencia de hechos no es de extrañar que, al término del partido de vuelta, y a pesar de la alegría del objetivo conseguido, Mouriz se fuera como un perro de presa a por Moar. «Sinvergüenza» fue el titular de una corta pero intensa conversación. El de Ordes todavía está revisando qué cláusula le falto en aquellos contratos rechazados y se pregunta cómo no se le ocurrió rociarlos de ántrax.

27
Dic

Manu está que no mea

¿Cómo describir con palabras ese momento? Primero, un enorme barullo. Silbidos como cuchillas clavándose en el tímpano. Un golpe seco. Como una puñalada en un callejón en invierno. Un trazo cutáneo tan limpio que deja un hilo de sangre que recorre un curso regular. Entonces, un profundo silencio, previo al ardor en la garganta que nos llevó a gritar por encima del umbral del dolor. ¡Gol, joder, gol! ¡Manu de mi vida, lo has conseguido! El capitán del CD Lugo mantuvo el temple después de toda una temporada, de una prórroga y de los fallos de algunos compañeros. Un recuerdo para la historia que permitió a aquella irrepetible plantilla cumplir el sueño de toda una ciudad. La misma que sólo había visto en Segunda a su equipo un curso. 

Antes… Un camino hacia la gloria con las puertas abiertas de par en par. Un tren lleno de personas vestidas de amarillo echando carbón en la locomotora. Mucho calor. Y en el medio de la vía un hombre con un único escudo: sus manos. Blancas como la seda. Con una gorra medio de lado, Cases, haciendo sonar la bocina. ¡Apártese, que este partido y estos raíles son nuestros! Cada vez más rápido. Sin control. No contó con que los guantes de Miguel Escalona eran más duros que el cemento. Parada firme y a confiar en un destino en esa ocasión no quiso acompañarlos. El azar ya se había vestido con la camiseta albivermella.

Dos momentos inspirados en la épica sin los que no se entendería el actual presente de esta modesta pero obstinada entidad. Seguro que si te preguntan cómo recuerdas esa parada y ese gol les pondrías adjetivos diferentes. Pero seguro que te invaden las mismas sensaciones que a nosotros. Calambres y lloros que nos sacaron de cama un día de un salto. Acto seguido estábamos rumbo a Asturias para entrevistar a Félix Quero, el primero de los #DocuHéroescon los que recordamos unos instantes que decoran nuestro corcho, inundan nuestros archivadores pero, sobre todo, colonizan los malos momentos para convertirlos en un discurso positivo.

Después del penalti, y con el cadáver de Aulestia y sus compañeros frescos, Manu corrió hacia todas las direcciones que le dejaron. Hacia Lugo, Ourense, Monforte, Viveiro y cualquier punto de la civilización en el que habitaba un corazón albivermello. Pero entonces llegó la puta burocracia. Para ella sí que tenemos una definición exacta y objetivo. “¡Ey! Ustedes dos. Sí, los que van de Héroes, pasen por aquí, que tenemos un bonito frasco que tienen que llenar de meo”. No me jodas… Como en aquel episodio de Las 12 Pruebas de Asterix y ObélixManu y Escalonatuvieron que enfrentarse al tedioso formulario del control antidopaje.

El logroñés lleno el vaso antes. Quizás el sudor del rival fue isotónico para el. Pero el Eterno Capitán estaba que no meaba. En todos los sentidos. Pero en el del orín más. Mientras, nosotros estábamos que no cagábamos con lo sucedido. Cuestión de fluidos e influencias. Seguramente los dos protagonistas dieron positivo en adrenalina o dopamina. En alegría desbordada. En lucensismo. Aunque alguno en el Carranza todavía se aferraba a que eso había sido un mal sueño y que pese al 3-1 a favor, esa tanda de penaltis había estado precedida de un reparto de sustancias ilegales. Un abrazo y una conjura tan puros como el cristal del Dr. Heisenberg en Breaking Bad. Mouriz contaba cada céntimo y entre las partidas seguro que no estaba ni un Diazepam.

Manu no meaba. Ni aún pensando en los chorros del champán que se descorchaba en el hotel de celebración. Mientras sus compañeros cataban todo tipo de licores y ensayaban como barítonos el Eterno Capitán apretaba las piernas y la vejiga para exprimirse. “No era capaz, de verdad que no me salía”, nos contó en la entrevista que le hicimos en Elche, otro equipo con el también consiguió el ascenso a Segunda, a pesar de que algunos le llevaban recetando la jubilación desde hace años. Horas después, su organismo, cansado de ser vapuleado por emociones, evacuó al final su agüita amarilla, cálida y tibia. La que pasa por debajo de tu lugar de trabajo. Y después llegaron las más de 40 cervezas y el echarse a reír Merecidas.

21
Dic

La prima de Belencoso

“¡Estaban primados!”. Es uno de los lamentos más repetidos entre los jugadores y aficionados que no consiguen su objetivo. Da igual si es la permanencia o el ascenso. La decepción a veces tiene una base real. Otras es, sin más, frustración. Imaginan que corre dinero por tubos aeroneumáticos hacia todos los estadios de los rivales, dispuestos a, con un toque de dinero, ser los mejores del mundo. Da igual que en el resto de la temporada hayan sido los últimos. El capital los tocará y los convertirá en el Brasil de Pelé.

En Segunda B son más importantes aún. La categoría no tiene convenio y, por tanto, suponen una ayuda extra para jugadores que en ocasiones compatibilizan su oficio de la pelota con otros. Las negociaciones del pago son intrincadas. Porque en las colectivas se requiere un consenso no siempre fácil de alcanzar. El CD Lugo de la temporada 2011/2012, protagonista de #DocuHéroes, vivió un episodio curioso a la hora de repartir las primas. Pensad que venían de proclamarse campeones de su grupo en Segunda B y de rozar el ascenso con las dos manos. Primero, ante el Real Murcia. Después, ante el Alcoyano. Pensar en apuestas daba pavor.

Repetir clasificación para la promoción de ascenso, después del duro palo del año anterior, fue en sí mismo un hito. El equipo dirigido por Quique Setién terminó tercero la temporada. Esperaba la vía difícil. La aventura de ser mejor que los mejores de 80 equipos después de tropecientos partidos en las piernas. Con el miedo a volver a no volver a triunfar en la garganta. Días antes del inicio de esta aventura mortal, que es la que más asusta a los equipos que descienden de Segunda División, Carlos Mouriz bajó al vestuario para negociar los monises. Los que conocen al actual director deportivo del Racing de Ferrol saben que mira cada céntimo con rigor. A los jugadores se les plantearon varias opciones.

La primera: ganarían dinero extra por cada partido ganado. La fórmula segura, por la que optó casi toda la plantilla. Una motivación diaria, anticipación de lo que después se empaquetó como cholismo, que es lo que hacemos todos los curritos de a pie. Vivir al día. Lo que venga después, ya se verá… Y más, a sabiendas de los cruces que se podían venir encima. Cuando la cuestión parecía claro, en el vestuario emergió un alarido. “¿Pero, cómo? De eso nada, chavales. ¡Vamos a ascender! Hay que optar por la prima del ascenso. Vamos, yo lo tengo claro”. Ni un pelo se cortó. Él, Juan Carlos Belencoso. Un coro de risas e incredulidad vino tras la afirmación. La única válida para el manchego, quien, por cierto, sigue marcando goles en la UD Socuéllamos.

Un ‘9’ trotón, que sin ser habilidoso, se dejaba todo en el campo. Era común verle pidiéndole a sus compañeros balones a la cabeza, su mejor herramienta para anotar: «A mí a la cabeza, a la cabeeeeezaaaa», gritaba en aquellos playoffs. La habría metido con la vesícula si fuese necesario. Fue el pichichi de los #DocuHéroes con 11 tantos, de ahí que su seguridad estaba forjada en goles. Seguro que cuando anotó el penalti Manu, dijo: “Veis, chavales, os lo dije”. Un vaticinio cumplido y una confianza ilimitada que ni el aficionado rojiblanco más optimista esperaba aquel año. Pero Belenklose lo sabía y nadie quiso hacerle caso.